El Congreso de Oaxaca: Mediocridad legislativa 

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San Raymundo Jalpan, Oaxaca – 29 de diciembre de 2025

La LXVI Legislatura del Congreso del Estado de Oaxaca, controlada casi absolutamente por Morena y sus satélites, se acomoda cómodamente en la medianía nacional de productividad legislativa. Ni lidera, ni arrastra el fondo: simplemente flota en un punto intermedio que, en el contexto de un estado sumido en pobreza, marginación y rezagos históricos, equivale a una mediocridad irresponsable y complaciente.

En su primer año completo, el Congreso ha procesado apenas 543 iniciativas —muchas de ellas rutinarias leyes de ingresos municipales— y presumido la aprobación de 139 reformas y 42 puntos de acuerdo. Suena a trabajo, pero la mayoría son propuestas colectivas que funcionan más como trámite para avalar la agenda del Ejecutivo estatal que como ejercicio real de contrapeso o creatividad legislativa. El Paquete Fiscal 2026 por más de 108 mil millones de pesos pasó sin mayores cuestionamientos, igual que reformas en salud mental y medio ambiente que, aunque necesarias, difícilmente atacan las raíces estructurales de los problemas oaxaqueños.

Comparado con otros congresos estatales, Oaxaca no brilla. Estados como Jalisco, Nuevo León o Chihuahua registran volúmenes de iniciativas que duplican o triplican los de aquí en periodos similares. Incluso entidades con menos recursos muestran mayor dinamismo. Oaxaca queda en esa zona gris que no es catastrófica como Chiapas o Tabasco en rezago histórico, pero tampoco aspiracional. Es la posición perfecta para no destacar.

Esta medianía no es inocente: es conformismo disfrazado de estabilidad. Mientras Oaxaca sigue ocupando los últimos lugares nacionales en desarrollo humano, educación y combate a la pobreza, sus diputados prefieren la mediocridad y mediania en lugar de impulsar debates profundos, fiscalizaciones rigurosas o leyes transformadoras que realmente sirvan a los ciudadanos.

En resumen, la posición intermedia de los diputados de Oaxaca no merece aplauso ni consuelo: merece repudio. Porque en un estado que necesita urgentemente legisladores valientes y visionarios, tener diputados que se conforman con “ni tan mal” es, simple y llanamente, una traición al pueblo oaxaqueño. Si 2026 sigue esta línea de mediocridad cómoda, la historia los recordará no como representantes, sino como cómplices silenciosos del atraso. El cambio no vendrá de quienes se sienten a gusto en la mitad de la tabla.

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